Misceláneos Minimalismo

Soy un privilegiado y lo aprendí viajando por el mundo

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13/12/2018

¿Cómo estamos, Argentina? Veo tanta gente quejándose de nimiedades. El corte de una calle o el retraso del transporte público. Haciéndose mala sangre porque perdió River o Boca. Sin embargo, yo acá reflexionando que incluso llevando una vida austera acá soy un privilegiado.

No se dan una idea de lo afortunados y privilegiados que somos. Este año viajé ininterrumpidamente por el mundo. Aprendí muchísimo en cada uno de los lugares que estuve y entendí que soy un privilegiado.

Desiertos

Visité desiertos como el Sahara en Marruecos, el Thar en la frontera de India con Pakistán. En Jordania, con pueblos nómadas como los beduinos que a duras penas tienen acceso a agua potable.

Sin electricidad

Estuve en pueblos en Filipinas donde hay electricidad sólo unas pocas horas al día (para los pocos afortunados que pueden acceder). Me bañé con agua fría, usando un balde. En la isla de Palawan también viví inundaciones, y que todo colapsara por los monzones y las lluvias.

Persecución racial

Vi como se persiguen minorías raciales en Myanmar. En este país hay una purga étnica con el pueblo Rohingya. No tienen más opción que huir como refugiados a Bangladesh, donde también son discriminados y desplazados.

Guerra

Experimenté la tensión del cruce de Palestina e Israel, al cruzar su territorio. Tuve que refugiarme cuando empezaron a tirar bombas los policías israelíes para calmar una horda iracunda de árabes radicales en el centro de Jerusalén.

Erupciones volcánicas

Tuve que cambiar mis planes en Bali, después que el volcán Agung hiciera erupción. No pude llegar al pueblo que tenía reservado el alojamiento porque era peligroso. Aunque claro, el verdadero problema lo tenían los locales que viven ahí, no yo. Como viajero, en una semana ya estoy en otro destino y ya no es mi problema.

Terremotos

Me salvé por unos días, de casualidad, del terremoto de Lombok, Indonesia. Cientos de turistas quedaron varados en las islas Gili, y murieron otros cientos de personas. Otros miles perdieron sus casas y todo lo que tenían.

Falta de salud e higiene

Me intoxiqué con la comida en India, donde las carnicerías venden carnes en dudoso estado, que están bajo el sol todo el día sin heladeras y con miles de moscas alrededor. El agua no es potable. La gente come con la mano y los restaurantes te sirven la comida de la misma forma, con cuestionable higiene.

En India también vi cientos de personas bañándose en el río Ganges, uno de los más contaminados del mundo. Incluso se los ve felices tomando esa agua. A su lado otra persona se lava los dientes con una hoja de árbol. A unos pocos metros juegan los niños entre cadáveres a medio quemar que son tirados al río después de las ceremonias religiosas en Varanasi.

Bombas en el suelo

Entendí lo dura que es la vida rural en Laos, donde casi medio siglo después los efectos de la guerra de Vietnam aún se ven. Tienen miles de bombas aún sin detonar en su territorio. Casi a diario mueren o pierden extremidades niños de pueblos que, inocentemente, levantan bombas por curiosidad. Las mismas les explotan en las manos.

Prostitución

Me indigné con la prostitución infantil en países como Camboya, donde un turista con unos pocos dólares puede hacer lo que quiera. Desde consumir todo tipo de drogas hasta disparar con una bazooka a una vaca (literalmente, es real).

Tsunamis

Aprendí de los efectos devastadores del cambio climático y aumento del nivel del mar en países insulares como Maldivas. Se estima que en menos de 100 años se lo tragará el mar y será inviable la vida. En 2004 el tsunami hizo desastres. Miles de desplazados que perdieron todo y le costó al país dos PBI anuales poder reponerse de todos los daños.

Ahora miro mi ciudad con otros ojos

Viví con lo mínimo, y entendí que aún así soy un afortunado. Hoy miro a mi ciudad distinto. En Buenos Aires, agradezco abrir la canilla y tener agua potable, que puedo usar para beber, cocinar o lavar frutas y verduras sin miedo a intoxicarme.

Soy un privilegiado

Me siento en la gloria al poder bañarme con agua caliente. Disfruto cada bocado de carne y queso que pueda comer, un lujo que muchísima gente local que me crucé jamás experimentó… en su vida entera. Sin dudas soy un privilegiado por poder hacerlo.

Educación y salud gratuita

Festejo cada vez que recuerdo que, gracias a la educación gratuita, pude recibirme en la UBA. También pude hacer el tratamiento de quimioterapia para pelear con un cáncer muy avanzado en el Hospital Ramos Mejía (público) de forma totalmente gratuita, incluyendo los medicamentos que costaban decenas de miles de dólares. De otra forma, en otro país, me hubiera sido imposible conseguir todo eso de forma gratuita, conduciendo inevitablemente a que hoy no pudiera estar escribiendo esto.

Agradezco a la vida el tener a mis viejos, que a pesar de que en casa nunca sobró nada, siempre dejaron todo por mí, no me faltó nunca un plato de comida, pude estudiar y contar con su apoyo incondicional siempre. Tenerlos, y que estén juntos, es una bendición.

Electricidad y agua caliente

Cada vez que prenda la luz a la noche, tenga la suerte de usar ventilador, aire acondicionado o estufa, sentiré que soy realmente un privilegiado en esta vida. ¡Ni que hablar de tener un celular, internet o televisión!

Sobreviví un año con lo mínimo. Dormí en el piso en aulas de colegios en Vietnam, en buses, trenes y aeropuertos.  Incluso llegué a dormir en la guardia de hospitales públicos. Me cansé de comer arroz y fideos. Usé la misma ropa una y otra vez, lavándola a mano, dado que viajé sólo con una mochila de 10 kg.

Ser agradecidos. Parte de entender que soy un privilegiado.

De ahora en más, sin minimizar los problemas que tenemos, intentaré no hacerme mala sangre si sube o baja el dólar, si el subte está con demoras, o si cortan la calle en una protesta y no puedo llegar a tiempo donde voy. Que si Cristina esto, que si Macri aquello.

Hay poco de esto que podemos controlar, y lo que podemos, hay que ponerse a trabajar y luchar por ello… pero lo que es seguro es que intentaré estar relajado, disfrutar lo bueno, y ser agradecido por la vida que me tocó vivir. Podría ser mucho peor.

También podría ser mejor, obvio, y a eso hay que apuntar, pero sin olvidarnos de que ya teniendo una cama, un baño y agua potable soy un privilegiado en el mundo.

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Nico y Lau
Buenos Aires, Argentina

Somos Nicolás y Laura, dos almas libres. Decidimos dejar la vida cómoda siendo profesionales trabajando en Buenos Aires por una vida de viajes y descubrimiento constante. Ya hemos visitado 64 países en el camino. Nos gustaría que ustedes puedan hacerlo también a través de nuestras fotos e historias. ¡Bienvenidos a nuestra Vida de Viajes!

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