Cueva túneles de lava Galpaágos
Ecuador

Túneles de lava en Islas Galápagos. Casi dormimos a la intemperie.

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16/11/2017

Estábamos en los túneles de lava de Islas Galápagos. Estábamos buscando ver todos los animales posibles, y terminamos ahí de casualidad.

“Hoy toca dormir a la intemperie. Espero no nos coma ningún animal salvaje”, pensé mientras veía que el último rayo de sol se esfumaba en el horizonte de la hermosa Isla Santa Cruz, parte del archipiélago de Islas Galápagos. Ya era tarde.

¿Cómo llegamos a eso en los túneles de lava de Islas Galápagos?

Arrancamos tarde, nos quedamos sin tiempo. Llegamos a nuestro alojamiento casi a las cuatro de la tarde. Odiamos cuando nos pasa, y no nos alcanza el día para seguir recorriendo tranquilos y con tiempo como nos gusta. Pensamos en positivo igual: quedan 3 horas de sol, ¡salgamos ya!

Tortugas gigantes en Islas Galápagos

Islas Galápagos tiene muy poca gente viviendo allí, es casi todo naturaleza en estado puro y nosotros estábamos desesperados por ver tortugas gigantes.

No podíamos aguantar un segundo más, la ansiedad estaba tornándose preocupante. Revoleamos todo lo que teníamos, y sin mirar siquiera si teníamos las dos ojotas puestas, salimos.”Mi tío puede llevarlos, no hay problema” propuso alegremente Sandro, dueño del lugar donde estábamos parando esa noche, añadiendo que sería buena idea ir a ver las tortugas gigantes y después, si llegábamos, los túneles de lava. Sonaba bien. Su tío era taxista, y le pagaríamos el viaje.

Después de un largo camino en auto, y bajamos en una reserva donde (además de embarrarnos y caminar bajo la lluvia) vimos tortugas en cantidad. Estábamos maravillados. Eran casi las seis de la tarde, y tocaba decidir si continuábamos o emprendíamos regreso.

Visitamos los túneles de lava

Conociéndonos, ni lo dudamos: fuimos a ver qué onda los túneles de lava. Estos túneles son formaciones volcánicas que quedaron después de miles de años donde pasaba la lava volcánica que creó las islas. A la vista, eran muy parecidas a profundas cuevas. Entramos, y vimos como las únicas personas que nos cruzamos por el lugar estaban saliendo.

Túneles de Lava en Islas Galápagos

Hicimos unos metros y notamos que, a medida que nos metíamos más en los túneles, era cada vez más húmedo, y se agotaba rápidamente la vida vegetal. Lógico, nada puede creer dentro de un lugar tan oscuro y lúgubre, donde la luz del sol apenas se ve al hacer 50 metros dentro.

Caminamos un poco más. Una tímida lamparita cada 10 metros era lo único que nos hacía compañía. No duró mucho la presencia lumínica de nuestras compañeras: un súbito corte de luz cambió totalmente las reglas del juego. Ahora sí: sin focos que nos alumbren estábamos totalmente solos, y a la intemperie.

Teníamos dos opciones. Regresar por el camino por el que veníamos, o continuar hasta el final. Claramente en el apuro no investigamos nada: no sabíamos qué tan lejos estaba la salida. Lo que es peor es que aún menos sabíamos si había otra salida. “Ya fue, sigamos” dijo Lau, valiente y desafiante, aunque claramente sabía que era la idea más riesgosa. Celular en mano con linterna mediante, seguimos camino.

Nos adentramos en la cueva

Ya no se veía ningún rastro de luz natural. Dependíamos del celular. De pronto, lo que era todo sonrisas y chistes se empezó a tornar un poco más serio. Empezaron a aparecer piedras, las cuales pisábamos al principio, y debíamos trepar después. Con una única luz de la cual depender, y teniendo en cuenta que había cada vez más agua, más piedra y menos luz, las risas con las que nos creímos aventureros al decidir seguir dieron paso a muchas preguntas.

Cuando todavía había luz en los túneles de lava

Tengo 20% de batería. ¿Qué pasa si nos quedamos sin batería? Sería muy complicado volver a ciegas, probablemente demoraríamos horas. No pasa nada, debería aguantar… ¿pero si se cae al agua?.

Más caminamos, más lejos estamos de la salida… ¿es momento de volver? ¿Y si no hay salida? ¿Estará esperándonos aún el tío de Sandro? Cuando salgamos va a ser de noche, no hay iluminación alguna, estamos en el medio de la nada y tenemos muchos kilómetros hasta poder ver alguna luz, si es que nos ubicamos y sabemos para donde caminar.

¡Ni caminos hay! Ay, me resbalé. Agárrame la mano. ¿Estás bien?. Las risas de diversión, eran ahora risas nerviosas, y un apuro incómodo que nos hacía querer irnos ya de ese lugar.

Mientras siguiéramos el camino que marcaban las lamparitas sin vida, estaríamos a salvo porque evidentemente había gente que llega hasta ese lugar.  Después de un rato caminando a la deriva, para nosotros eterno, finalmente vimos como el túnel parecía acabarse. El cable con los focos llegaba sólo hasta ahí.

Sin embargo, había un pequeño pasadizo, muy pequeño, por el que una persona de mi tamaño pasaría con un poco de esfuerzo. Miro a lo lejos, y no se veía ninguna luz natural. No parecía ser una salida. ¿Seguimos? Pero el camino de lamparitas termina acá.

La oscuridad de las cuevas

No hay más camino

¡Tenemos que volver! ¿Alcanza la batería? Ya las risas no eran ni incómodas. No nos gustaba nada lo que estaba pasando. Hacía una hora que estábamos en una cueva que no da para más de unos minutos. Se escuchaba algún murciélago sobrevolar en la oscuridad.

Nos caían gotas de agua de las grietas del techo de la cueva. Nuestro único celular estaba a punto de morir. ¿Alcanza la batería?. La linterna consume mucho. ¿Alcanza la batería? ¡Basta con la batería, apúrate!

Después de un rato pudimos volver sobre nuestros pasos y ver la salida. Ya casi no quedaba luz natural, pero… ¡estábamos salvados! Al menos eso creímos por un instante. El tío de Sandro no estaba. ¿Y ahora?

Esperamos, miramos para todos lados. Nada. ¡Hay que arrancar a caminar, ya cae el sol! Ahí me di cuenta que el chiste ya no era tan chistoso. Este fue el momento en que lo pensé.

“Hoy toca dormir a la intemperie. Espero no nos coma ningún animal”.

Había dos caminos. ¿Cuál sería? Decidimos al azar, y arrancamos a caminar. Ni un sonido de gente, ni una luz. ¿Habremos tomado el camino correcto?

¡Estábamos a kilómetros de que siquiera alguien pueda vernos!. Continuamos camino, cada vez más preocupados por la realidad que nos tocaba vivir: si no encontrábamos nada, íbamos a tener que dormir en una isla salvaje con miles de especies de animales gigantes.

¡Qué divertido! ¿No? Bueno, claramente es mejor que dormir en el túnel de lava, eso seguro.

Cerca de media hora de desesperación después, ya con el celular prendido con la batería agonizando, escuchamos un auto. ¡El tío de Sandro! “¿Dónde se habían metido? ¡Hace dos horas estoy buscándolos!”.

Menos mal que nos buscó incansablemente, si no fuera por su preocupación probablemente hubiéramos dormido en el medio de la nada.

Conclusiones

Yo ya estaba sacando conclusiones e incluso pensé “qué giles, mirá si morimos acá en el medio de la nada, y aparecemos en las noticias como los dos idiotas que se perdieron en las Islas Galápagos”.

Me la imaginé a mi vieja explicando que su hijo murió porque se perdió como un pelotudo en una isla remota.

Mirá que hay formas boludas de morir, ¿pero así? “Nicolás, ya no tenés 5 años, acá nadie te va a alzar en los hombros y aplaudir hasta que aparecen tus papis”. ¡Que fatalista! Como mucho, hubiéramos dormido muy mal, nos hubieran picado los mosquitos, y hubiéramos tenido mucha sed y hambre.

Lo que era seguro, es que tendríamos una nueva historia que contar. Genial. A eso vinimos, a tener historias que contar, y esta es muy buena. ¡Todo está en orden!

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Nico y Lau
Buenos Aires, Argentina

Somos Nicolás y Laura, dos almas libres. Decidimos dejar la vida cómoda siendo profesionales trabajando en Buenos Aires por una vida de viajes y descubrimiento constante. Ya hemos visitado 64 países en el camino. Nos gustaría que ustedes puedan hacerlo también a través de nuestras fotos e historias. ¡Bienvenidos a nuestra Vida de Viajes!

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